Hay dos maneras de llover: de arriba a abajo (lo habitual en el resto del planeta), y en horizontal (marca de la casa en la isla). Las montañas de la cara norte frenan las nubes arrastradas por los vientos alisios. Las hojas de los árboles se empapan de agua, que gota a gota cae sobre el terreno. Y eso explica las vastas superficies de frondosos montes propias de las zonas altas de Tenerife.

 

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